La relatividad de la religión.

La verdad religiosa es siempre relativa. En su esencia, la religión no es más (ni menos) que un camino del conocimiento humano. Todo lo demás son adornos más o menos venturados.

Como camino del conocimiento, debe compartir senda, al menos, con la razón y con la ciencia. Todo cuanto en religión no puede ser contrastado con los otros caminos del conocimiento no son verdades, son creencias. Y por tanto, y como casi todo lo religioso, de naturaleza privada. Cuando hablo de verdades siempre las pienso también relativas, pero afinando la visión bien alto en el horizonte.

Como camino de conocimiento la religión atiende a aquello que a la razón le cuesta a ratos, al mundo de lo espiritual, de lo trascendente, que o tiene siempre un reflejo en la vida cotidiana, en forma de valores de los de usar a cada momento: amabilidad, honestidad, humildad …, o lo que queda es una teología de oropeles y quincallería.

Pero igualmente en el nivel diacrónico o histórico, la verdad religiosa es relativa al tiempo y al espacio. Hay un Abrahám, un Krishna, un Buda, un Zoroastro, un Moisés, un Jesús, un Muhammad, todos hasta ahora suscritos a un tiempo y a un espacio concretos. Y aunque sus doctrinas puedan universalizarse en sus aspectos esenciales, igualmente difieren en los aspectos de cada una más apegados a la vida de su momento histórico. En todas ellas hay verdad, y por tanto su verdad lo es de forma relativa.

La religión no contrastable con la razón y la ciencia es fanatismo. La ciencia sin los principios y valores que una religión debe sustentar puede producir monstruos, de los que ya sabemos que, también a veces, la razón produce.
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