A-u-l-a

Es curioso y preocupante que el icono aula sea el segundo que más unanimidad tiene después de el de la cruz como signo de muerte a nivel planetario. Es fuerte porque significa que trabajamos en un prejuicio entonces. ¿Cómo es posible que le preguntes cómo es un aula a personas de cualquier parte del mundo y te pinten lo mismo?

La pizarra al fondo, tras la mesa del profesor, grande aunque no la usa, y un grupo de pupitres uno detrás de otro en varias filas. Vaya tela. Si un aula es algo, es un espacio de comunicación, ¿desde cuándo las personas se sientan una detrás de las otras para comunicarse, mirándose el cogote? Por supuesto que esa visión no es neutra, está cargada de poder, todo el diseño es para demostrar que la autoridad la ostenta el profesor.

Y no esperes la complicidad del alumnado si quieres romper esto, porque casi todas las personas suelen estar más cómodas en el status quo.

Afortunadamente quise desde el principio tener mi propio acceso a lo que es un aula, y no lo veo así. Me va perfectamente con el razonamiento: “me va a funcionar toda estrategia que fomente la comunicación auténtica en el aula”. Cuesta, pero funciona.

Un aula es un espacio en el que hay personas que quieren aprender, y si no lo quieren, el problema entonces es previo y hay que explicitarlo y tratarlo porque es complicado tener a una persona que no quire ni sabe estar en un lugar donde tiene que estar seis horas, supuestamente en silencio y sentada, sin hacer disrupción. Imposible.

Lo importante del aula, como de toda la estructura educativa, es la calidad del aprendizaje. Aunque tenemos profes pavo real que creen que lo es la de la enseñanza, pero ésta depende de la primera pues es su fruto. Pero una buena docencia no es la que demuestra cuánto sabe un profesor, sino la que mejor adecúa el proceso de aprendizaje a la realidad diversa del aula y permite que se aprenda desde la diversidad de niveles y capacidades. Desde luego que eso no se puede hacer dictando cátedra en alguna de sus múltiples variantes del profesorado asustado por el “control” del aula. No por el aprendizaje que se produce.

El ambiente del aula. Me parece que la mayoría de compañeros, sobre todo de secundaria, esto ni se lo plantean. Pero ¿desde cuándo cualquier ambiente, actitud, sentimiento, es igual como elementos que fomentan el aprendizaje? Cuando hay un grupo de personas en ambientes naturales sociales, las personas se presentan, conocen, comienzan una relación que debe ser empática para que el grupo funcione como grupo. He tenido cientos de veces en 30 años de docencia la oportunidad de admirarme de la velocidad a la que puede llegar a aprender un grupo cohesionado, y lo contrario, cómo ralentiza el aprendizaje si en el aula hay mal ambiente, piques, enfrentamientos y desunión. Es ineludible fomentar el trabajo en grupo, en equipo, y su cohesión.

En breve, un aula es un espacio (antinatural) donde se reunen de 20 a 30 personas de las que se espera un comportamiento “antisocial” (silencio, …), las inercias han hecho que se haya despersonalizado, deshumanizado, tanto que comunicarse en él de verdad no es fácil. Hay que ir a la contra. Descerebrante. Cualquier actividad que realices que se parezca a la vida, hará de inmediato que aumente la atención al tener sentido (común, práctico, social, vivo), y aumentará exponencialmente las capacidades generales del alumnado. Las que terminan conformando el SER.

Siempre dedico (pierdo, ja, ja) un par de semanas a que mi alumnado se conozca, unas-os a otros-as, que congenien, que hablen de verdad de quiénes son y qué hacen, y para reflexionar inicialmente sobre cuáles son los potenciales individuales del alumnado, con qué aprenden mejor, con qué peor, qué expectativas tienen, y negociando el currículum.

El currículum real de un aula sólo puede estar conformado por las necesidades concretas, de los alumnos y alumnas concretos de cada aula, y en cada curso. Lo demás es teatro y papeleo.

Educative InnoveisionImagen de la galería en Flickr de Néstor Alonso
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