Retos de la educación

Como se dice habitualmente, la escuela es un reflejo de su sociedad, y no puede ser de otra forma. Luego el título de este escrito da para varios tomos. Pero hagamos un esfuerzo de priorización y detección, al menos, de estrategias de futuro y crecimiento, que es la única forma sana de afrontar problemas de muy difícil solución.

En primer lugar tenemos una educación que es fiel reflejo de los presupuestos que se le asignan. Con una escuela pública lastrada por su inexistencia de siglos, no querríamos de verdad estar en el número 1 de Pisa, ¿no?, es alucinante e hipócrita que quisiéramos más. Pero habría sido de desear que, conociendo el déficit histórico, se hubiera hecho un esfuerzo extra en inversión, pues no. Estamos a la cola de Europa en asignación presupuestaria del PIB y por alumno, junto a Malta o Grecia. Llevo años diciendo, aunque en cierta ocasión una autoridad educativa me llamase la atención, que en democracia, el pueblo (¿el qué?) debe decir claramente a su clase política cuáles son sus preferencias. Y sueño con que la mayoría de la población, por inteligencia natural, sabe que la educación es la base de todo crecimiento y progreso, y que quizás no nos importa que una carretera tenga más baches, pero nos oalarma que los centros educativos tengan aulas prefabricadas, o 35 alumnos por aula, por no sacar los que se están, literalmente, cayendo a cachos.


Dicho esto, y entre el maremagnun de las medidas de mejora propuestas, vistas ya muchas experiencias y sus resultados, algunas cosas empiezan a estar claras a nivel docente. La primera es que hoy es imposible hacer educación ni enseñanza en centros donde no haya un EQUIPO docente. El trabajo en equipo tiene sus propios requerimientos ¿dónde dice que nos lo han enseñado eso? ¿cómo dice que se está evaluando ya la capacidad de trabajar en equipo de los nuevos y nuevas docentes? ¿cuáles son las estrategias que la administración educativa está poniendo en marcha? En ningún sitio, de ninguna manera, ninguna de forma directa, respectivamente.

Otra es el sentido educativo (o simplemente el sentido) de los proyectos pedagógicos de los centros. La absoluta mayoría son un papel rellenado y entregado a la inspección. No hay forma de sentar a los profesionales de la docencia a conformar un análisis de la realidad de la que parten, de las fuerzas y debilidades que se poseen, y las metas a las que se quiere llegar, o más simplemente ¿qué vamos a hacer con todos estos niños? Y cada uno piensa algo distinto, si piensa algo.


Y una pregunta bienintencionada: ¿cómo ha conseguido el servicio de inspección que nadie hable de él, cuando si hubiera un solo servicio que si fuera operativo, si funcionara, mejoraría automáticamente todo el sistema?
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