¿Gestión de las emociones o rehumanización del aula?

Entre las propuestas novedosas nacidas como reacción a la crisis que actualmente vive la educación encontramos esta de la gestión de las emociones. Debo reconocer que el verbo «gestionar» me despierta una cierta desconfianza, pues ya existió otra moda extendidísima con ese verbo: la «gestión de los recursos humanos», que tampoco me ha gustado nunca un pelo. A mí me parece un dislate pretender «gestionar» a personas.

Con las emociones o los sentimientos me pasa algo parecido. El problema de la escuela tradicional es, simplemente, que no los tiene en cuenta. Que los ignora, que particia y coadyuva en la hipocresía social de que «los sentimientos han de ser ocultados» como debilidad. Un prejuicio machista aunque no sólo masculino, proveniente de la animal concepción de la vida como supervivencia de los más fuertes. Sin duda, además, una tendencia anti-femenina  pues la mujer ha tenido tradicionalmente muchos más problemas para adaptarse a esta exigencia social, y en muchos casos (benditos sean), ellas han mantenido islas amorosas en torno a la vida del hogar, menos mal.

Me quedo con la pregunta de Miguel Ángel Santos: «¿Qué hacen los sentimientos fuera de la escuela?»  Me parece suficientemente duro por el momento. Salvo la agresividad no veo yo otro sentimiento necesitado de «gestionar» en el aula, es suficiente con tenerlos en cuenta, que no es poco. Como siempre y de nuevo, es distinto lo que pasa en líneas generales en escuelas e institutos, siendo claramente peor la vida en el instituto. Escuela deshumanizadora.

Sin embargo la mayoría del profesorado no se plantea si los sentimientos pueden o no ser mostrados en libertad en el aula. Están simplemente instalados en la cómoda inercia de los siglos. De las cosas que mejor me han funcionado contra esta tendencia ha sido repensar siempre el aula y todos los espacios y actividades docentes comparándolos sistemáticamente con entornos sociales «naturales», espontáneos, donde se reúnen personas. E intentar llevar al aula y al centro lo que de forma natural las personas hacen cuando se reúnen cordialmente con una meta común.

Por ejemplo, a principio de curso, dedico siempre dos semanas al conocimiento mutuo y, cuando es posible, a la creación de equipo, a compactar al grupo, porque sé taxativamente que la velocidad a que aprende un grupo cohesionado, un equipo, no lo hace un grupo dividido, ni por el forro. Es simple ¿no?

Desde cuándo se reúnen 30 personas en un espacio, sin conocerse, sin a veces saber ni el nombre unos de otros, a trabajar ¿juntos? Es de alucinar que la colaboración en el aula sea un asunto de innovación educativa, cuando obviamente no hay otra forma correcta de funcionar en entornos de aprendizaje humano. En un grupo cohesionado la colaboración es espontánea y natural, no una metodología. Todo lo demás es educar en la desestructura social y promover el individualismo y la competitividad.

Seguimos razonando todavía como si todavía no supiéramos que las actitudes son previas e indispensables. Para ganar las actitudes hay que destrozar los roles y ser honestos en el aula con las otras personas que están en ella. Es decir: pringarse. A mí me parece que aquí es donde está el mayor problema. No sólo son importantes las actitudes de cada uno de los alumnos y alumnas, es aún más trascendental la actitud del docente.

¿En qué curso estudiamos las actitudes docentes en la carrera?  Ay, madre, qué mala cabeza …

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10 Responses

  1. […] This post was mentioned on Twitter by Benigno Piñera, Fernando García. Fernando García said: ¿Gestión de las emociones o rehumanización del aula? http://ow.ly/3kpt5 En el blog. […]

  2. Montse 6 diciembre, 2010 at 10:09 | | Reply

    Totalmente de acuerdo con lo que dices, siempre he pensado que mi mayor o menor éxito con l@s chic@s es que soy honesta con ell@s. Me implico emocionalmente con ell@s, muestro cómo soy, cómo siento, qué deseo. Y ell@s lo notan. En los institutos algun@s tratamos de hacer una educación humana, no somos todos iguales.

    Un saludo, Montse

  3. Fernando García Gutiérrez 6 diciembre, 2010 at 11:25 | | Reply

    Gracias por tu comentario, Montse, y por tu acuerdo. Desde luego que no somos todos iguales. Por supuesto que hay gente muy muy buena trabajando en los centros. Son los que mantienen el barco a flote. Pero lamentablemente no basta. Hay que subvertir las inercias y reconstruir otras nuevas, eso no es fácil, ni tarea de algunos. O empuja una mayoría, o los cambios no llegarán.

  4. Carlos 6 diciembre, 2010 at 12:34 | | Reply

    ¿En qué curso estudiamos las actitudes docentes en la carrera? Ay, madre, qué mala cabeza …
    Otro gran tema Fernando, cada vez estoy más convencido de que la carrera nos sirve sólo para obtener un papel que acredite que podemos ejercer, no nos da recursos para el dia a día en el aula.
    El curso pasado acabé con dos años de convivencia con unas muchachas y muchachos que básicamente necesitaban ser escuchados y cariño, mucho cariño. En esos dos años aprendí que sus necesidades de levantarse y preguntar obviedades no correspondían a una dificultad en su aprendizaje sino más bien a una necesidad de sentirse escuchados y atendidos, acabé reconociendo una y otra postura y repartiendo abrazos cada vez que lo necesitaban.
    Muchos de ell@s siguen viniendo muchas tardes a verme cuando salen del IES a explicarme sus éxitos, sus fracasos, sus problemas,… y hasta alguno viene a por una dosis de abrazos.
    No debí hacerlo mal del todo ;P

    Gracias sobretodo a mi gran formación formal (modo ironía off)

    1. Fernando García Gutiérrez 8 diciembre, 2010 at 16:44 | | Reply

      Je, Carlos, parece enormemente complicado y es tan simple como eso que mencionas: «ser escuchado y cariño», esa es la necesidad del 90 por ciento. La gente luego recuerda toda su vida «a ese profesor».

  5. María José 8 diciembre, 2010 at 16:16 | | Reply

    A mí también me preocupa y mucho la cohesión y las relaciones que se establecen en los diferentes grupos. Estoy de acuerdo en que el profesorado se ha de mojar, es una persona más en el grupo, por otro lado de él o ella depende que el ambiente en la clase sea de ayuda, de colaboración, de crítica constructiva. Se necesita más tiempo pero, a veces, se consigue estar tod@s muy cómod@s y aprender mejor.
    Creo que much@s profesor@s tienen esta preocupación y lo intentan. Habría que encontrar espacios y tiempos donde poder poner en común qué sistemas, estrategias, … se utilizan para conseguirlo y analizar por qué a veces no funciona.
    Este curso he puesto un sistema de cartas leídas al grupo en voz alta, imitando al maestro japonés Toshimo Kanamori, y comentadas por los compañer@s. Parece que está funcionando pero no quiero cantar victoria, es demasiado pronto, aunque vamos por el buen camino. http://castellano2fm.blogspot.com/
    Gracias por el post, muy interesante.

    1. Fernando García Gutiérrez 8 diciembre, 2010 at 16:55 | | Reply

      Gracias a ti. Es verdad que sobre este tema no hay foro. Quiero decir que o lo tiene todo el mundo claro, o no se tiene en cuenta. Tengo la percepción de que es B. La idea que has desarrollado en el blog va por muy buen camino, y es valiente, empezáis por la felicidad. Lo trascendental es centrar los procesos en temas de ellos-as o que los asuman como tales, que sean significativas, que les ayude a ser honestos con ellos mismos y con los demás, para que nazca de forma natural el deseo de ayudar a los demás. Ya contarás.

  6. Galia Makusheva 15 abril, 2011 at 12:44 | | Reply

    Hola, Fernando! perdona mi completa ignorancia en padagogía y mal español, es que solo quiería agradecerte por ese texto, me parecía muy interesante (todos tus posts son tesoros pa mi por muchas razones, ie ideas, lengua, todo!), por que estoy completamente de acuerdo contigo, que siempre pensaba que la escuela era casi más puritana que la iglesia pretendiendo que los estudiantes solo teniamos el cerebro (y gracias por lo menos por eso!) – y no existían emociones ni sentimientos. Pero logicamente el paso siguiente es suponer que el profesor tambien (que sorpresa!) es un ser humano, ¿no? ¿Como debe tratar las cuestiones de subordinación (¿distancia mejor?), simpatias/antipatias, mal humor etc? ¿normas sociales normales son bastantes o hay algo más? Gracias! …y perdoname por ser tal charlatán :))

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