Rebeldes

Los profesores utilizan en las aulas herramientas del siglo XIX para formar a personas que las deberían utilizar en el XXI. En ese desfase se juegan la mayor parte de las decisiones que cada docente toma, a veces sin darse cuenta realmente de que se le cuelan algunas de las peores perspectivas que de una escuela pueda pintarse.

Es el caso de “la escuela reproductora”, la escuela como instrumento del sistema para perpetuarse, sistema social, político, moral, de clases, y por supuesto capitalista, extremadamente capitalista, que para eso se ha terminado la historia, y vamos a por todas.
Ese papel de la Escuela me pone los pelos de punta. Y su más lacerante instrumento es la desactivación, mediante apartamiento sutil o grosero, de los y las rebeldes.


¿Qué habría sido del mundo sin rebeldes?
Que jamás habríamos salido de las cavernas.

¿Qué sería el mundo sin rebeldes?

El mismo mar de injusticias que hoy es, y que lleva siendo toda la historia humana. Sin justicia no puede haber paz, salvo la de los cementerios.

El/la rebelde en la escuela lo pasa mal, o muy mal. No entra en los parámetros, no va a sacar un 9’5 (salvo que le interese un profesor por haberle dado una oportunidad). Si es una mente sana (la rebeldía ya es un buen síntoma), chocará con horarios impuestos, rutinas inoperativas o pervertidas, actitudes impresentables tras máscaras socialmente aceptadas y capaces de hacer aceptable la distancia entre lo que se piensa, lo que se hace y lo que se dice, y sobre lo que se dice que se piensa para que luego los actos, entre clase y clase, como el que no quiere la cosa, terminen por machacarlo. Tarde o temprano le meterán el dedo hasta el tuetanillo a algún asunto o situación, y terminarán expulsados.

Sólo los que están dispuestos a perderse encuentran fuentes nuevas, sin rebeldes el horizonte se estrecha hasta cerrarse, no lo tienen fácil pero mientras haya rebeldes, hay esperanza.
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