La revolución neoliberal.

Llevo meses atascado con este post. ¿Que por qué? -Porque no quiero escribirlo, porque me gustaría no tener que escribirlo. Uno ha alimentado un deseo íntimo con la lucha cotidiana durante toda su vida: “Que el mundo en el que muera sea mejor que aquél en que nací”, y al final, la única revolución que parece que voy a vivir, una revolución ultracapitalista, persiste en destrozar mi sueño, en andar marcha atrás. De izquierda y derecha pasamos directamente de nuevo a arriba y abajo. Un tipo de sociedad que yo sí conocí ya en el franquismo. En realidad es muy viejo, es tan viejo como la historia de la ignominia humana, ricos y pobres.

Ernesto, el inconformismo.

Si mal no recuerdo, el partido que gobierna ganó las elecciones en mitad de una lluvia de casos de corrupción entre los que el peor afectaba directamente a su tesorero general, es decir: a las cuentas del partido. Ganaron con 3 votos de cada 10 españoles aproximadamente. Y la abstención fue histórica porque mucha gente, mucha (posiblemente el pueblo), ha perdido ya completamente la confianza en los actuales políticos y en sus formas de actuar.

El ganador de tales elecciones ha hecho un ejemplo histórico de lo que podríamos llamar una democracia pervertida (antes de nacer): ha hecho nada más entrar en el gobierno, lo contrario de lo que había prometido hacer en la campaña electoral. ¿Qué tipo de moral soporta una persona que hace lo contrario de lo que promete a millones de personas? ¿Por qué no es eso fraude electoral e imperativo repetir las elecciones?

Pero aprovechar la coyuntura de crisis económica para desmontar literalmente la educación y la sanidad públicas es para mí lo peor, la línea de lo insoportable. Porque eso es romper el contrato social, eso es cambiar el modelo de sociedad ocultándoselo además al pueblo. Son ellos los agresivos, son ellos los violentos. Por no hablar de cómo se han tirado a degüello a los más débiles. Sacándoles la sangre o la salud, para sacar unos euros para tapar un conglomerado de Cajas de Ahorro (es un decir) que han estado manipulando (perdón: dirigiendo), gente de los partidos, muy especialmente en el caso de las manejadas por el pp, que dan el producto Bankia. Pozo sin fondo donde van cayendo cada euro que destroza un derecho ciudadano y que nos quitan a los de siempre.

En este blog hay un apartado de artículos dedicado a la “mejora de la democracia“, desde hace muchos años. Hace mucho tiempo que la deriva es preocupante. Digamos que desde que se profesionalizó la política y convirtieron un medio de participación ciudadana en un pesebre de amamantados. “El que se mueve no sale en la foto” ¿recuerdan? Pues han terminado en algo que se parece más a una secta que a una asamblea de participación popular.

Mahatma, el método.

Yo, de los conservadores, nunca he esperado nada. Si McLuhan decía que “conducimos hacia el futuro mirando sólo el espejo retrovisor”, lo de estos señores es adoración al pasado, por eso “conservan”, es lo de siempre: ricos y pobres. Los ricos con todos los derechos y más y los pobres con ninguno. Se me figura que el actual contubernio bancario-político-económico es como la aristocracia medieval pero con nuevos collares. ¿No hemos avanzado nada en lo esencial?

Pero la situación del psoe ante el capital internacional, sus presiones y mejunges, no parece tan divergente del enfoque que ha aplicado el pp. Y eso es más grave. Porque nos quedamos sin alternativas, y haberlas haylas. Las políticas que se están aplicando no son las mejores para salir de los problemas que tenemos, se está actuando ideológicamente desde las directrices del ultracapitalismo de origen  norteamericano, y desde actores supuestamente independientes como el banco central europeo, convencidos como están del “fin de la historia” y de la victoria final del capitalismo como único sistema válido para el mundo (Fukuyama). “Sin complejos” ¿recuerdan? “A por ellos”.

El destrozo de derechos que han costado sangre, sudor y lágrimas conquistar es lamentable. Esos derechos se conquistaron en la calle, y finalmente habrá que reconquistarlos porque el avance de la humanidad, con sus altibajos, no puede pararse ni dar marcha atrás, será, pero por poco tiempo. El estado de bienestar en realidad no es otra cosa que la garantía de algunos derechos humanos en algunas sociedades.

Y desmontar la sanidad y la educación públicas, además con estrategias ocultas en falsedades y mentiras, es una traición al pueblo y no debe consentirse sin luchar. No puede haber Paz sin Justicia, y ésta está francamente comprometida hoy.

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