Español como Lengua Extranjera. Cómo nace una especialidad.

mmm

No sé cuántos meses lleva esta entrada en “borradores” con esas tres emes en el escritorio del blog. Si me costó 10 años empezar a hablar de lo que pasé en la Delegación de Educación de Málaga, esto me cuesta contarlo 20 años.

Terminé mis estudios de Filología en junio de 1980, en las aulas más visibles de mi Facultad daban clases los extranjeros, para el profesorado de la Facul era un sobresueldo, y hasta esos momentos y muchos más, se llevaba como un cortijo. Como quiera que el proceso de Transición política, en esos momentos en sus instantes álgidos todavía, había coincido con un enorme aluvión de extranjeros, sobre todo europeos, que venían a aprender la lengua y convivir con una España, a medias real a medias soñada, todavía con un halo importante de exótica, las clases se les fueron llenando sin casi poder evitarlo, más bien que por la entrega promocional, y empezaron a ampliar el grupo de profesores a algunos más ya no profes de la Facul. De fuera.

Ahí estoy yo. Mis hijas han nacido en el 80 y en el 81. Ya estoy criando, pero sin trabajo, y unas clases en el Curso para Extranjeros nos supieron a gloria bendita. Unos duros para la casa en un trabajo bonito. A la sazón dirigía los Cursos el profesor José de la Calle. Le planteé la situación personal y la necesidad de trabajar que tenía, y me dijo que lo verían. Vinieron muchos más alumnos de los que esperaban, y me dieron unas horas. Pagaban, entonces, 2.600 pesetas la hora.

Aquello siguió creciendo, cada vez más gente, más clases, más profesores de fuera y menos de la Facul. Y todos, los de fuera, cobrando mediante un cheque a final de mes, primero directamente a cobrar en la Caja de Ahorros pertinente y luego, en alguna legalización de irregularidades, en la partida de “distribuidores, limpieza y otros gastos” de la Universidad.

Durante un tiempo, y debido a que seguían llegando más alumnos, llegamos a tener una especie de sueldecito mensual, a partir del momento en que pudimos dar 3 horas diarias, que fue la cota en que se fijó la subsistencia de los de fuera, y quizás sea pertinente recordar que estamos en la primera crisis del petróleo, el paro en el 20 %, y los de fuera éramos todos parados que, aunque poco, estábamos comiendo de eso, en mi caso toda mi familia.

Un día cambiaron al director. Creo que fue una zancadilla, pero en la Universidad eso ni se comenta pues es a diario. Y apareció el ínclito nuevo director Salvador Montesa, y al poco tiempo su mano derecha otro ínclito Antonio Garrido Moraga como subdirector, llegó a haber 4 subdirectores que se rascaban la nariz a dos manos. Lo primero que hizo el nuevo dire fue reducir el estipendio de la hora de clase exactamente a la mitad, así, conforme llegaba, de 2.600 a 1.300 pesetas la hora. Y subió el máximo de horas a 4 al día. Por la cara y para demostrar lo antes posible, decía, lo productivos que eran los cursos en el Rectorado, y así solucionar los problemas del profesorado.

¿Que qué problemas? Pues allí estábamos al final trabajando hasta 20 profesores y profesoras, comiendo de eso, sin contrato alguno, sin seguridad social ni vacaciones, ni ningún otro derecho de cualquier trabajador. A los 4 años, y estando profesores comprensivos llevando los Cursos: Juan Villena, Paco Montesinos, … comenzamos a hablar de que si las perspectivas de los Cursos era crecer y crecer más, si así lo deseábamos, por qué no intentar alguna forma de regularizar la situación del profesorado. Hicimos unos estatutos que trabajamos dos años.

A los 6 años 6 logramos de alguna manera que se conjugaran los hados, y los Estatutos de los Cursos para Extranjeros, con una contratación para el profesorado, se aprobó por la Junta de Gobierno de la Universidad. Aparece el nuevo director y empieza a poner peros también con la contratación. ¿Cuántos peros? Estuve personalmente dándole la vara semanalmente durante cuatro años cuatro. Tres de ellos como ¡¡Jefe de Estudios!! “¿Qué pasa con la contratación, Salvador?” fue sin duda lo que más se oyó en su despacho de mi boca en esos años.

Al final a uno la profesión le entró finalmente con gusanillo, es decir, que me gustó. Y me sigue gustando todavía 30 años después. Así que intenté completar mis eximias ganancias dando clases en academias privadas que empezaron a brotar como chinches. Las condiciones laborales y no digamos pedagógicas de todas estas academias estaban, naturalmente sin control alguno. Cada cual hacía lo que le daba la gana literalmente. Estuve en varias, pero lo que más recuerdo era el sueldo: 400 pesetas la hora, 2,20 euros. Y en alguna, en la de las 400 de bellón en concreto, me pidieron el título de licenciado, cuando el profe más laureado era un estudiante de física alto y guapo que tocaba la guitarra espectacularmente, bueno, la guitarra y todo lo que se terciara. Era una indignidad.

A los 11 años, todavía sin contrato, sin seguridad social, ni vacaciones pagadas ni ningún otro derecho laboral, decidí llamar a la Inspección de trabajo. Vino una Inspectora, yo me alegré un montón de que fuera mujer y con razón. Levantó unas Actas durísimas con un montón de pruebas contra la Universidad, constató que allí había gente trabajando desde hacía once años (como era mi caso) sin contrato de trabajo, etc. y mi abogado me comentó: las Actas son “de libro”, “han debido presionarla y se ha rebotado”, fue su impresión. La mía también. Había aceptado como pruebas casi todas las que yo mismo le di desde la Jefatura de Estudios, todas: de pagos, de fechas de cursos, de muchos años de trabajo pensando en esta final posibilidad.

El final de la historia es negro como el sobaco de un grillo. El entonces Rector José María Martín Delgado el magnífico, luego Consejero de Cultura y eterno aspirante a Alcalde de Málaga, su sueño dorado, “se ha tomado esto por lo personal” fue la gloriosa respuesta a mi pregunta del enlace sindical de mi sindicato, al que cogí por el cuello a la demanda: “¡Y tú eres un enlace sindical de un sindicato obrero!” y vienes con esas. En fin. El rosario de la aurora, mi despedida definitiva de la Universidad de Málaga, de los Cursos para Extranjeros y demás.

La “solución” que ofrecieron fue que nos diéramos de alta como autónomos, nos pagáramos la seguridad social, y la Universidad nos “contrataba” como servicio por horas. Qué listos. Les dije que se metieran eso por … la mayoría del profesorado de los Cursos lo aceptó y así siguen, creo. Lustroso logro de la lucha por los derechos de los trabajadores de los socialistas y de UGT, a cuyo secretario provincial rompí el carné en su despacho, “… por lo personal” yo también.

Sé perfectamente que este es el increíble pero cierto panorama del nacimiento de la especialidad español como lengua extranjera en nuestro país y en estos tiempos de todos los demonios. Mi caso es un poco fuerte por la cantidad de años, y el desenlace final que no podía ser otro. Mi dignidad personal me la llevo a la tumba, aunque tenga que ser antes.

He escaneado el material de prensa de aquella “gloriosa” lucha en la que no recibimos, las otras compañeras y un compañero que no aceptamos la mierda, la ayuda ni la solidaridad de casi nadie. Solitos nos quedamos. Y también un soneto de un libro de poemas que escribí durante este tiempo final, llamado el Poemario de la lucha sindical y formado sólo por sonetos. El poemario lo rompí, pero mi hermana se había llevado uno y me lo devolvió pasados los años. Al leer este superviviente ya se ve por qué los rompí.

AQUELLOS ENEMIGOS

Se echan de menos ciertos enemigos,
quizás estos mismos valdrían,
situa dos por fin delante, armados,
dis puestos a la masacre …
F. Wulff

En las noches de soledad extrema

de aquellos años de brega y amorío

pensaba yo en mi loco desvarío

en la justa belleza de un emblema:

la libertad, crisol, meta suprema

donde parar los tiempos de baldío

gobierno, de despotismo umbrío,

la fatuidad vacía de un sistema.

Nunca supuse en mi pueril designio

que un día lejano, en una noche clara,

bajo el puño y la rosa como signo,

a pensar con nostalgia yo llegara

con gesto de dolor y de resigno

que al menos los fascistas dan la cara.

J. Fernando García Gutiérrez

Del Poemario de la lucha sindical. Inédito y desaparecido.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

, , , , , , ,

5 Respuestas a Español como Lengua Extranjera. Cómo nace una especialidad.

  1. miguel__rosa 13 Octubre, 2010 en 6:21 #

    Fernando, por desgracia los sistemas se apoyan en personas como las que mencionas.De todas maneras !enhorabuena porque nadie puede hacer que cambien tus ideas, a pesar de todo.

  2. Karlos Alastruey 13 Octubre, 2010 en 7:08 #

    Gracias por compartir este episodio de nuestra Historia. Otro capítulo más de la “Historia de la Infamia”. Que no se olvide, al menos, y que caigan las caretas.

  3. Maite 13 Octubre, 2010 en 11:43 #

    ¡Ay, compañero! Tal vez lo peor de todo esto es que Tu historia se repite en tantos de nosotros, en tantos ámbitos y a lo largo tantos años, que a veces dan ganas de “bajarse” de este mundo.

    Si este artículo se hubiera mantenido en tus “borradores” durante veinte años más, seguiría siendo actual… ¡Que lástima!

Trackbacks/Pingbacks

  1. Tweets that mention Español como Lengua Extranjera. Cómo nace una especialidad. -- Topsy.com - 13 Octubre, 2010

    […] This post was mentioned on Twitter by Maite, Fernando García. Fernando García said: Me he desahogao en el blog, pero es largo, no lo leáis. "Español como Lengua Extranjera. Cómo nace una especialidad". http://bit.ly/9w6nhW […]

  2. MALOS TRATOS EN LA INFANCIA. ¿UN TEMA SECRETO? | En pie de Paz - 7 Febrero, 2016

    […] de Educación de Málaga, el Gabinete de convivencia y Cultura de Paz y Noviolencia. Y 20, hablar de la situación laboral que viví durante los primeros 11 años de mi “vida profesional” y que marcaron […]

Deja un comentario