El compromiso del “profesorado” ante la revolución neoliberal.

Hace mucho tiempo que avisé de cuál era el mayor peligro de la educación pública. Ese peligro se ha hecho manifiesto además de una forma bastante radical. Me parece que el dedazo del Ansar de Texas, necesariamente conllevaba la línea más extrema de la derecha española. El franquismo vivo de la Reforma democrática de pacotilla que subvivimos. Gente que no cree en la democracia salvo como método de capturar el poder.

El enésimo bandazo educativo que estamos viviendo no es, ni mucho menos, exclusivamente obligado por las circunstancias económicas del país. Se está aprovechando la coyuntura para realizar una revolución o involución para desarmar la Escuela Pública. La que era de todos y todas, y para todos. Están por la segregación de sexos, es que nos quieren llevar directamente y nada virtualmente, al XIX.

Hace unos días, mi querido amigo Fernando Trujillo planteaba la necesidad de recordar que las actitudes de protesta ante los abusos del actual gobierno en educación, “más alumnos con menos profesores es igual a calidad educativa”, no deben afectar a la calidad de la docencia que damos a nuestro alumnado. Yo estoy básicamente de acuerdo, en realidad no contemplaba otra posibilidad, inocentón, como sigo siendo por elección propia, pero el caso es que yo no es ahí donde veo el problema exactamente. 

El principal problema de la educación pública, después del expuesto y evidente en gobernanza, es la desunión del profesorado. Aquí “habemos” gentes de calañas muy distintas. Pero por operatividad voy a hacer tres macros: comprometidos con la educación pública, sabiendo que están trabajando con el futuro y el presente del país en cada aula; gentes que no deberían estar en esta profesión porque la eligieron no por su especificidad sino por otra cosa: era cómodo, seguro, fácil, u otras. Y el tercer grupo, normalmente el más  numeroso, el de los tibios, los indecisos, y los que no se  implican por principio. Dispuestos, eso sí, a ser cómplices con su silencio de situaciones graves de injusticia y pantomima en muchos centros educativos.

Del primer grupo ¿qué se puede esperar en defensa de la Escuela Pública? Pero si llevan sus hijos a la privada.

Del tercer grupo se puede esperar una deriva, un chorreillo de gente que se adscriba, de gente que está callada y luego te confiesan que “piensan como tú”. Pero no que tomen las riendas. No que paren un momento el tiempo para plantear una rebeldía.

Esta mañana he tenido claustro, ¿ha levantado alguien la voz para decir (hacer evidente) que la educación pública está en peligro? No. Ha levantado la voz alguien para plantear que al quitarnos el 50% del sueldo los primeros días de una enfermedad cometen una injusticia artera y joden a gente enferma? No. ¿Ha levantado la voz alguien para protestar por los recortes de sueldo, dinerito contante y sonante? No.  Pero entonces … ¿habrán levantado la voz al menos para manifestar su indignación ante la pretensión del Ministerio de hacer desaparecer las Escuelas Oficiales de Idiomas, su centro y puesto de trabajo? No, no, y no. Ni mencionarlo. No hay sangre, hay horchata.

Quisiera pensar que mi centro es excepcional. Pero ¿en cuantos centros se está teniendo el Claustro de entrada de curso y no pasa nada especial? En otras palabras ¿estamos definitivamente muertos-as?

Los diez mil millones sustraídos a educación y sanidad, fue la suma que en su momento se estaba trasladando a los bancos de los políticos y su Bankia. No es que estemos solo ante un momento histórico en que los partidos políticos que pueden gobernar hacen agua por los cuatro costados, es que es el propio sistema el que está en cuestión. ¿Por qué tipo de mundo luchar? El del capital y las corporaciones, bancos y empresas, o el de la ciudadanía mundial, el del establecimiento de los derechos humanos con rango constitucional, un mundo más justo.

1984, Blade Runner, Un mundo feliz, no fueron novelas, fueron visiones. A ese mundo nos quieren llevar ahora. ¿Y nosotros mirando para otra parte?

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2 Respuestas a El compromiso del “profesorado” ante la revolución neoliberal.


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