Sobre formación permanente del profesorado. II.

Se ha convertido en un lugar común decir que el profesorado del siglo XX enseña con métodos del XIX, a niños y niñas del XXI. Esa paradoja inicial se agrava por el hecho de que la formación inicial universitaria es todavía muy deficitaria en la preparación real de lo que los profesionales para lo que van a encontrarse en las aulas. Algo mejor en primaria y nada en secundaria, maestros y licenciados, respectivamente.
La estrategia de la administración para que el profesorado participe y se tome en serio su autoformación y actualización es la de conceder puntos por actividad de formación para conceder los sexenios, un plus de antigüedad en el sueldo. Con lo que la motivación del profesorado, cuando existe, puede ser la de coger los puntos, y no la de actualizarse, cuando acude a alguna actividad de formación. Esto es una perversión que produce un montón de interferencias en el trabajo.
Pero es que, además, el número de profesores-as que se actualizan por interés profesional es muy bajo. No entiendo que dentro del horario obligatorio, aunque no de clase, haya conceptos como “guardia”, “biblioteca”, etc., y no haya un apartado de autoformación obligatorio.
Dicho esto, comento qué ha pasado en las áreas en que he trabajado. Por haber escrito en mi proyecto de asesoría una crítica a la forma en que se enseña la lengua española como lengua materna en el camino correcto, se me asignó esta responsabilidad desde la dirección que yo, reconozco, cogí con gusto, con el resultado final del mayor fracaso profesional de mi vida.
La lengua materna es el instrumento con el que las personas aprehenden el mundo, lo hacen suyo, con el que se comunican con los otros en sociedad y, lo que es aún más esencial: con el que uno se comunica consigo mismo y se autoconstruye. No es, por tanto, asunto menor.
La propuesta ha sido la de promover enfoques constructivistas en la adquisición de la lectoescritura en primaria, y promover enfoques comunicativos y funcionales, sociolingüísticos y pragmáticos, para secundaria y bachillerato. Como en casi todas las áreas, el trabajo con primaria marcha (mal que bien), y el de secundaria no se ha movido un milímetro en tres años de esfuerzos, cero patatero. Ya he explicado un poco más por extenso este tema en otra entrada.
En el siglo XXI ya no es tan importante que el alumnado conozca términos de metalengua sobre áreas del conocimiento, ni fechas, nombres y títulos, sino que sepa utilizar lo que aprende en la vida. Para lo que hay que enseñarles cosas sobre la vida, y no de los distintos parnasos de las materias. Lo primero hoy está al alcance de dos teclas, y los chavales lo saben. Lo segundo no, porque no saben cambiar de registro cuando hablan con un profesor o en un examen, y cuando hablan con los colegas en el parque. Esto es más grave que las faltas de ortografía o no recordar el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo del verbo airearse.
Como el tema de lengua castellana y literatura ya lo he abordado alguna otra vez, lo dejo aquí, con una clamorosa llamada de atención a mis excolegas de carrera sobre su actualización metodológica prácticamente inexistente.
Como último acto de compromiso con esta área del trabajo que considero esencial, pero en la que me he sentido totalmente solo, he buscado algún profesor o profesora de la zona que esté trabajando ya en la línea propuesta: enfoques comunicativos, centrados en el hacer, socialmente contextualizados, que desarrollan habilidades nuevas, que usan las tecnologías ya menos nuevas, … e invitarla a presentarse a la plaza que dejo vacante.
 
Sólo espero ahora que los hados permitan que este año no haya nadie del puestismo ya adjudicado a la plaza por ser del partido o sindicato tal o cual. Como me pasó a mí mismo cuando accedí a la asesoría, cosa que no he contado aún porque me he obligado a no escribir en la bitácora sobre asuntos que todavía me hacen saltar la bilis.
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