Noviolencia estructural

Nunca se insistirá bastante en que el término original para el concepto de noviolencia: ahimsa, ni es negativo, ni mucho menos pasivo, como en español parece dar a entender la palabara. De ahí viene, precisamente, la estrategia de unir la dos palabras en una sola. Pero lo interesante es el concepto mismo: el compromiso de no usar la violencia como ciudadanos activos con compromiso social, es decir, no usar la violencia en la lucha por la justicia, valga la contradicción de una lucha noviolenta.

¿Por qué? Pues porque los fines no justifican los medios.

Ahora bien, el desvelamiento de la violencia estructural (o las violencias estructurales) debe continuar pues cuando la violencia está en la estructura de funcionamiento es muy difícil zafarse. Ejemplos evidentes de violencia estructural son el hambre y la miseria, el nacismo o el machismo, está claro. Pero qué pasa con el jefecito de turno que no ha revisado su concepto de autoridad, y naturalmente lo “impone”; 335 días al año, 6,5 horas diarias de jefecito. Es increible el refranero: “Si quieres conocer a Pepillo, dale un carguillo”.

¿Qué pasa con el padre al que “se le va la mano” con frecuencia? ¿El representante político cuyas palabras ya no difieren de sus hechos porque, por pervivir, ya no hay ni discurso? ¿qué de la presión de unos potentísimos medios de comunicación metiéndote a borbotón un antimodelo de vida basado en vivir regodeándote en la vida de los demás, sin tener nunca la oportunidad de mirar la tuya propia, claro, de eso se trata?

Y, me pregunto yo: el propio aparato llamado “de justicia” (a quién por cierto poco le importa la ídem), con sus abogado defensor y acusador o fiscal, ¿no reproduce el esquema que plantea que del choque de contrarios sale la luz, pero que no deja de ser un modelo violento de buscar la verdad? Los opuestos y enfrentados. Es la más primaria posición guerrera. El enfrentamiento nunca encuentra la verdad, no la busca, de la misma manera que no se pueden apagar fuegos con gasolina jamás se soluciona un problema con un enfrentamiento, siempre son luchitas (a veces soterradas) de poder.

¿Y esa estructura política de partes que se enfrentan, con una “oposición” así reglamentada, y que puede si quiere hacerla hasta el punto de impedir casi la gobernación, ¿no es estructuralmente violenta?

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