Evaluar y enseñar a evaluar.

Agradezco enormemente a mi amigo Fernando Trujillo los detalles que tiene conmigo, en este mundo desagradecido tener amigos, es tener un trozo del cielo. Como es mu bueno como profesional y como persona, se preocupa de algo esencial: no enseñar a innovar, siendo ejemplo de lo contrario de lo que predicas. A mí me acojona que me digan que voy a una conferencia de una hora sobre “trabajo colaborativo”, por ejemplo. O conferencia o trabajo colaborativo. Una buena conferencia tampoco está tan mal, pero son escasas.

Resumo la vieja pedagogía en una frase. La aprendí en vivo y en directo cuando era niño. Os juro que recuerdo hasta a las personas que me la dijeron, los pobres no sabían que estaban con un niño que ¡piensa! Y allí me quedaba yo, dándole vueltas a aquella casi confidencia pedagógica que me hacían: “Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga”.

Ahora tengo clara, clarísima, la respuesta a esa frase. Cuando era niño me comía el coco. La respuesta es, naturalmente: Vete a la mierda.

La profundidad, sin embargo, del engrudo pedagógico de esa frase va mucho más allá de lo que a simple vista hoy pueda parecernos. Hay partidos políticos que crean la realidad al decirla, no importa que los demás veamos una realidad, se la dice de nuevo y se la recrea. Leo hoy, sin ir más lejos, que el 51 por ciento de los españoles cree que el franquismo fue “positivo y negativo”. Qué rica la relatividad moral. Ni todo lo contrario.

Haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga, es lo más antiracional que inventarse pueda. Es la negación misma de que hubiera existido en nuestra historia un Siglo de las Luces. Y es el mayor infanticidio imaginable. Los que hemos tenido hijos o hijas sabemos bien por experiencia propia que los niños vienen al mundo con una “inocencia” que prefiero rebautizar como “sentido no pervertido de la justicia”, usualmente expresado con la frase: “Oye, papá, pero ¿tú no decías que …?” Y échate a temblar, si tienes vergüenza.

Un niño entiende finalmente qué es una contradicción, al principio le cuesta, pero no entiende la mentira. La a veces excesiva distancia entre lo que se dice y lo que se hace.

Mi amigo Fernando Trujillo se come el coco también con estas cosas, a su manera, y dice: Y toda esta gente que está en los centros y, con toda su dificultad, todo en contra, luchan infatigablemente por hacer las cosas de otra manera en educación, ¿no sería un lujo ponérsela delante a mis alumnos de magisterio? Para que piensen, para que oigan otras formas de hacer las cosas, … para afrontarlos con la realidad y no engañarlos. Y como los medios actuales permiten eso, y mucho más, ha hecho unos vídeo-entrevista con algunos de los profes que conoce.

Ha tenido el detalle de tuitear con una foto del momento en que su alumnado estaba viendo el video:

Y aquí adjunto el vídeo con la charla de mañanita de domingo que tuvimos:

Para rematarlo de cabeza me tuitea esto:
Lo dicho: un trozo de cielo.

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