La torpeza política.

Me desayuno con un ejemplar de La opinión de Málaga, amablememente dejado caer junto a mi café por la camarera,  con el titular a cuatro columnas: “El endurecimiento de las penas no logra frenar las agresiones a los médicos en Málaga.”  Subtítulo: “El Colegio de médicos reclama a la Junta campañas de concienciación ciudadana ante el fracaso de las medidas coercitivas.”

Lo primero que se me vino a la cabeza fue el pensamiento: “El más tonto va a tardar 2 segundos en pedir que el tema se resuelva en las escuelas”. Pero sentí un fortísimo deja vú.

Después pensé en la política (a mí me da vergüenza llamarlo “política”) de “endurecer las penas” como solución a problemas de conducta social. Y todoenuno se me viene a la cabeza los años finales del aznarato, y aquél ministro que salía dos o tres veces al día para anunciar que ya se iban a solucionar tales y tales problemas, pues el gobierno había aprobado aumentar las penas a los que hicieran tal cosa. Pocas memeces más absurdas que pensar que eso va a solucionar el problema. Y contemplando que tales estratagemas mediáticas no son rúbrica única de ningún partido.

Pero el tema que sin duda más me conmovió fue la petición de “concienciación social” en busqueda de la solución desesperada pues, al parecer, la violencia es imaparable y no hay forma de controlarla como reacción social en un entorno donde sólo se espera la comunicación, no la violencia, sea un aula, sea la consulta de un médico.

Se han estado usando los más poderosos medios de comunicación de másas, cine, televisión, juegos, para darnos espectáculos sangrientos durante décadas, terminator, destructator, reventator, y explotó, y nos manchó a todos de sangre. El problema en este tema no es ya la falta de valores pacíficos y noviolentos, es más grave, es que se han estado explotando modelos de personajes extremadamente sangrientos. Los jóvenes necesitan modelos, no tanto para copiar como para orientarse, si no los tienen positivos … aprenderán de los que tengan.

Pero en realidad, la única “solución” posible al problema es que la gente que reacciona violentamente no lo haga. ¿Y cómo se hace eso? A nivel personal te lo digo en otro momento, a nivel social es evidente que mediante la educación. Y todo lo demás es pamplina. No, compañeros profes que os quejáis de que haya gente que diga que los problemas sociales deben intentarse erradicar en las escuelas, en las que se sienten parte de la sociedad en la que viven y no una isla.

Si la sociedad tiene problemas de violencia ¿cómo puede la escuela decir que eso no es problema suyo? Es olvidar del todo para qué está la escuela. Confundirla con una guardería. La escuela es el único instrumento garantizado para mejorar las sociedades. Las sociedades no tienen otra cosa que personas. Es en el corazón y la mente de las personas donde hay que actuar para desactivar con efectividad la violencia.

Y es entonces, cuando hete aquí, que la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, con Cándida Martínez implicada personalmente, y mediante un Director General llamado Sebastián Sánchez Fernández, pusieron en marcha, justo el curso que en su día 11 de septiembre cayeron las Torres Gemelas, qué causualidad, el Plan Andaluz de Educación para la Cultura de Paz y Noviolencia. Un monumento pedagógico, una eficaz herramienta social, una cuerda, racional y laica propuesta para la educación en valores, ¡¡Una maravilla pedagógica!!  ¡¡Un milagro!!

La profesora universitaria (catedrática de pedagogía) que presentó el Plan en Málaga, en la Casa Económica de Amigos del País, dijo de él que era un digno hijo o nieto (no recuerdo) de la Institución Libre de Enseñanza con la que ella veía que enlazaba directamente. Delante mía no podría haberle echado un piropo más bonito. Reconozco que el Plan me deslumbró. Para mí “educación para la paz” es una frase redundante. Luego vendría la realidad. Siempre la puñetera realidad.

Al Plan se adscribieron voluntariamente hasta el 90 % de los centros en algunas provincias. Tuvo un éxito total. Claro, era necesario si se sabía (o se tenía tiempo para ello) hacer un análisis social serio, riguroso, y alejado de las pantomimas y mangoneos que hoy se denominan como política. Pero es que este Director General, dio dos veces en la diana. Porque el año que se aprobó el Plan y se publicó en BOJA, ya llevábamos dos embarcados en su anterior “ocurrencia”: Plan Andaluz de Formación para el Alumnado Inmigrante, luego reconvertidos en Planes de Interculturalidad. Otro enorme éxito educativo, con repercusiones muy comprometidas por parte de un profesorado que en parte estaba ávido de cosas nuevas y más relacionadas con los problemas de la vida. Recordemos los sucesos de El Ejido. ¿Han sido las políticas activas educativas en favor de la interculturalidad parte del enorme éxito de que ese suceso sea el único borrón en la historia de ese calado?

Sólo queda la pregunta que sujeta el título:

¿Por qué los responsables directos han dejado morir iniciativas tan certeras, coherentes, necesarias, y con tanto sentido? ¿Por dinero? Lo que no gastéis en escuelas, lo gastaréis en cárceles.

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