No me toquéis los belenes

Esta mañana me voy de rey mago al colegio del

ghetto impresentable de Las Albarizas de Marbella. La directora es buena amiga y me invita todos los años. Al final es una adicción ver de cerca esos ojos alucinados de ilusión y expectación, y llevarme sus cartas a casa y leerlas despacito: “Quiero una casa para mis padres”, no una sino, tres cartas. Con cinco años.

Creo que soy uno de los poquísimos españoles que de anticlerical, ha ido conscientemente a la iglesia de bautizo (acto al que no fui invitado, sino forzado) a apostatar, a borrarme, vamos. Pero no es que asuma mis contradicciones, es que esta vez no me confundo.
Si en vez de plantarle cara a la Conferencia Episcopal y ajustar mejor los fondos públicos que se les asignan, al menos para que no tengan suficiente para pagar una radio desde la que salpican a las ondas bilis de todo color y pelaje, nos vamos a dedicar a desmontar belenes, a no vestir de rey mago, o incluso al tema de los crucifijos en algunos colegios (ya son una raya en el agua los centros que los mantienen)… mal vamos, porque todo eso no dejan de ser aspectos formales, y  la navidad ha sido siempre de los niños. Aunque ahora se la han apropiado los comerciantes.

Recuperemos el espíritu de la navidad, es decir: Devolvamos la navidad a los niños

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