Vértigos y paciencia.

Disculparé mis varios meses sin escribir con dos causas: la primera que llevo varios meses con episodios de vértigos y mareos (no, no son lo mismo, no tienen nada que ver) que me han tenido muy entretenido aprendiendo a sobrevivir perpetuamente embarcado. Por si a alguien que me leyera le sirviera de algo, parece ser que es un pinzamiento en las cervicales que restringe el caudal de sangre de alguna arteria y se recibe menos riego en zonas del cerebro, y en este caso en el oído derecho. Pero un numerito estar sin diagnóstico varios meses y pareciendo un borracho en coma etílico de vez en cuando, y en donde menos falta hace. Al parecer, cositas de la edad. Medallas de la vida.

La segunda ha sido un cambio de trabajo. Si algo tiene bueno el funcionariado docente es que hay algunas posibilidades de cambiar de puesto, o de zona geográfica (relativamente), de vez en cuando. Con lo que evitas el peor mal del docente: el aburrimiento y, por ende, su fase terminal: el quemao. Tampoco es que tengas nada garantizado, pero como medida preventiva ayuda.

Ahora estoy de asesor de un CEP, Centros del Profesorado, o Centros de Formación Continua o Permanente del Profesorado, en mi zona. Supuestamente estoy en una plaza del Ámbito Lingüístico de Educación Secundaria, pero en realidad se hace de todo y se hecha una mano a donde hace más falta.

Al parecer era éste un puesto envidiado donde solía refugiarse persona o personas adictas a la lealtad de pacotilla de los favores de partido, y donde según cuentan se trabajaba más bien poco. Desde luego, y afortunadamente, no es ese el panorama que me he encontrado. Más bien todo lo contrario, mucho trabajo, pero mucho, varias y distintas áreas de trabajo que atender, a ratos bajo presión porque se acumulan inevitablemente las actuaciones, y un grupo de personas y personos tomándose en serio su trabajo, con responsabilidad y con serios intentos de trabajar en equipo, por otro lado una delicia.

Una de las circunstancias más agradables de este nuevo trabajo está relacionada con un personaje inevitable como el miedo, el Jefe. Un profesional con claras ideas sobre cómo se gestiona democráticamente un centro o aún mejor (porque no hay otra cosa) a un grupo de personas.

Puesto que ahora estoy dedicado también profesionalmente algunos ratos a reflexionar y diagnosticar sobre aspectos educativos, a ver si me comprometo más y no se me van otra vez varios meses sin pegar ni un punto.

Ah, la paciencia del título es para ambas nuevas circunstancias por igual.

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Una Respuesta a Vértigos y paciencia.


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