La educación. El debate con más de #500

Esta entrada es continuación o rebote de la anterior. Insisto en que todas las opiniones vertidas son, mayoritariamente, válidas, pero estaría bien intentar un consenso o discusión en mayor profundidad sobre la propia pregunta. Como evidentemente mi entrada no se escapa al “todas”, sobre el tema saco en realidad sólo dos afirmaciones: la educación debe preparar para la vida y el propósito esencial de la educación es ayudar a que prevalezca la mejor versión de uno mismo.

Viñeta de OPS, ahora El Roto.

Cuando afirmo que la educación debe preparar para la vida, entro de lleno en la diatriba de si debe hacerlo para la Universidad, o para el mercado de trabajo, creo que son las otras opciones que se plantean partes del profesorado y que, comparadas con la primera, a mí me parecen ridículas, y pido disculpas por adelantado. Pero ¿qué significa que la escuela prepare para la vida?

En primer lugar que al definir “la vida” estamos hablando de las vidas de cada una de las personas del aula y no de ninguna otra entelequia. La vida es todo y nada. No podemos ser finalistas en esto pues no se puede educar en todo y enseñarlo todo, ¿qué entonces? Indudablemente destrezas, capacidades, competencias para interactuar en la vida son imprescindibles, pero mucho más que cada persona descubra sus fortalezas y sus debilidades propias, especialmente las fortalezas, pues sobre ellas se construyen las victorias, grandes o humildes. Es decir, que por este camino, llegamos a la trascendencia que tiene el conocimiento de uno mismo. Asignatura inexistente, tema desconocido, y aquí añoro a las culturas orientales pues por este camino, han circulado más que nosotros. “Conócete a ti mismo” es una sentencia común en sociedades orientales, una tradición común a hinduismo, budismo, confucionismo, sintoismo, … pero a la mayoría de occidentales nos suena a su lengua original: el chino.

La segunda afirmación es aún más complicada. “Que prevalezca la mejor versión de uno mismo”.  Aquí empezamos, por donde terminamos antes. Las personas somos variables y múltiples. Esa obsesión de milimetrarlo todo del estructuralismo, ha terminado produciendo en las mentes su desestructuración. La mente no es cuadriculada, pues anda que los sentimientos, el afecto, las relaciones humanas, … y todo aquello por lo que finalmente tomamos en intimidad nuestras decisiones. El aprendizaje para toda la vida es uno de esos descubrimientos obvios que tan frecuentes son últimamente. No somos tras 10, 15, 20 años los mismos. No sabemos casi nunca con certeza en qué vamos a terminar trabajando, o si tendremos que cambiar varias veces. Para mí, crecer, en todos los sentidos, pero mucho más como persona, es parte de la esencia misma de todo ser humano. Crecer es aprender. Sin duda. Y quien no crece … decrece, no hay estancamiento en la vida orgánica.

La tensión de la persona con el mundo, y mucho más con sus propias contradicciones, son los momentos más fértiles para el aprendizaje significativo. Siempre y cuando concordemos que, efectivamente, la educación sirve para hacer mejores personas. Para mejorar el nivel de justicia y bienestar en el mundo. Para soltar lastre quitándole a la tradición, la inercia de las cosas, parte de su poder para configurar la vida, y abrir espacios donde la gente atrevida transite y abra caminos nuevos. No se descubren mundos nuevos sin rebeldes. Levantar rebeldes es un buen segundo objetivo para la escuela. Caminos nuevos, agüita fresca, abre, abre, airesito limpio.

Para este concepto de la educación la escuela actual no está preparada. Eso quise decir en la anterior entrada, y de ninguna manera, porque es falso, que la escuela hoy no sirva para nada. Estamos hablando de cómo ayudarla a funcionar mejor. De cómo adecuar la educación a los nuevos tiempos, nuevas formas de comunicarse, de moverse, de relacionarse, … de entender el mundo.

Debe ser la escuela la que ayude a crear en la mente y los corazones de las personas su amor por la paz y su base única e imprescindible: la justicia. Estamos en un mundo donde dos tercios de la población pasa hambre y un tercio tira las sobras por toneladas. La escuela debe sembrar el hambre de justicia en el alma para conseguir un mundo mejor.

"Mamme" de la galería de Diego GG

 

 

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