Regalito fin de curso.

Vuelvo a la escritura después de meses de silencio porque mis alumnas y alumnos (un grupo de un B2 semestral) me han regalado un vídeo precioso que me apetece comentar.

En primer lugar, aunque he jugado con el tema de ser evaluado mediante un vídeo puesto en You Tube esta mañana en alguna red social, en realidad no me engaño, esto no es una evaluación sino un halago. Y lo dice claramente Yana (alumna rusa alma mater del proyecto y voz en off): “Estamos aquí para” decir lo maravilloso, etc. Tampoco reniego, ni mucho menos, de que me regalen algo así.

Este año está siendo malo por la salud. He tenido que faltar. Mantenemos el contacto a diario por medio de Edmodo con el alumnado desde el primer día de clase. Organizarlos para trabajar juntos, solos (bueno, solos, sin el profe), en el aula, no ha sido difícil. Pero no nos engañemos, todo pintaba desde el principio de una muy otra manera. El grupo era académicamente regularillo, tirando a malo. La diversidad es un plus que manejo bien desde hace años, gracias a mi trabajo, pero este grupo era un poquito demasiado. Pongo por ejemplo que enseñar juntos a un doctor europeo y a un analfabeto funcional en la lengua meta procedente del mundo desfavorecido, tiene sus riesgos. Este video me alegra en primer lugar por ver mi error, y admitir que, a pesar de los pesares, ahí están: funcionando en grupo. Una de las metas esenciales del currículum oculto de mis clases.

Por supuesto no soy sordo al contenido de los comentarios de mi alumnado. Siempre me ha gustado especialmente la clase final de curso cuando les pido que, honestamente, evalúen al profesor que de eso aprende y mejora. En este caso ha salido de ellos, un motivo más para oírlos. Y lo que dicen me alegra mucho el corazón, porque el tipo de clase que he aprendido a poner en marcha cada día se ve muy bien reflejado en el conjunto de lo que dicen unos y otras.

Aprendieron a trabajar juntos (del currículum oculto también, son adultos), aprendieron que lo mejor que se puede hacer como práctica formativa en un aula de lengua es hablar, comunicarse con sentido real. Hay que abrirse, compañeros. No se les piden minucias. Todo cuesta.

Aprendieron que lo que se enseña debe estar relacionado con la sociedad y la vida. Que lengua y cultura son las dos caras de una misma moneda cuando lo que se pretende es hablar, usar una lengua en su propio contexto, no hablar sobre la lengua. Que para aprender bien, nada como un ambiente divertido. Aprender es divertido. Y demás cosas. Reconozco mis aspiraciones como profesor en la descripción que hacen, y eso me reconforta mucho.

Les agradezco enormemente su regalo. Con 30 años de aula como profesor, estos regalitos son gloria bendita.

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