Evaluando, que es gerundio.

Haciendo análisis de contexto profesional, es complicado si estás en educación no ver que algunas cosas están realmente mal. Pero lo peor es que la mayoría de ellas son de inercias históricas, y cambiar inercias no es cambiar las sábanas.
Dándole revueltas a las cosas, y fuertemente afectado por la primera reflexión del profesor Tonucci, de cuya intervención dimos cuenta aquí en el blog, que dijo: “Tenemos la mejor Escuela que hemos tenido nunca, por primera vez en la historia en nuestros países hemos cumplido el sueño de tener escolarizados a todos los niños y niñas, y ahora resulta que no le gusta a nadie, ni a los alumnos, ni a los padres, ni a los profesores, ni a la sociedad.”
Terrible reflexión. ¿Qué podría hacer que esta situación se revirtiera? Quienes sepan mejor qué hay que hacer. ¿Y quienes pueden ser? El profesorado que está en los centros, y está trabajando bien. ¿Se les está ayudando para que puedan convertirse en ejemplos para sus compañeros? No, desde la inspección a la dirección, a la jefatura del departamento o a los compañeros de claustro, lo normal es que lo descalifiquen y le pongan zancadillas. ¿Qué hacer para apoyar a este tipo de profesorado, los y las que saben perfectamente qué hay que hacer y qué no en la Escuela del siglo XXI? Pues si se constituyeran en voz de alguna forma y pudieran levantarla para que fuera posible oírla por toda la sociedad, empezando por las madres y los padres del alumnado, siguiendo por las personas que ostentan autoridad en cargos públicos, y, tengo la esperanza, de que por ese tercer grupo normalmente innombrado de profesorado constituido por lo que llamo los tibios. Que nadan con la corriente.
Sé que he tenido y tengo cosas en la cabeza mucho más descabelladas. No me parecía una mala idea. Entre una cosa y otra llevo casi 10 años visitando centros y conociéndolos. Pero no será su momento. Hablo del post anterior y su hermana de propuesta en Facebook sobre una Asociación Profesional Docente.
La mayor certeza que ahora tengo en materia educativa es esta: Nada va a funcionar si no es apoyado por un equipo. Me juego el cuello en esta aseveración.
Y es que yo ya me bajo de mi rocinante, que los molinos de viento son trementamente agresivos.
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