La Justicia.

Tengo un atasco de entradas del blog en la cabeza, pero este agostismo que me ha atacado este año ha sido vago, perezoso y turbio, aquejado de nuevo por los vértigos con nombre de pescado. Me voy a atrever con el más gordo: el principio de Justicia.

Valores … ¿valores? … los de la bolsa ¿no? Sí. El imprescindible traspaso de valores de una dictadura fascista a una democracia está pendiente. No se ha echo en España. Éste es, de fondo, mi principal reproche al Psoe. El neoliberalismo económico y sus secuaces políticos adoptaron la estrategia, hace años, de intentar convertir la política en decisiones científicas, en cerrar las opciones, en matar la discrepancia, “esta es la forma de hacerlo”. Matar las ideologías también fue práctica de los mismos actores. Pero que la supuesta izquierda siga el juego es duro de asumir. 

Hace muchos años que desapareció el discurso sobre los principios y valores políticos y sociales, y de aquellos barros …, vivimos un merengue como dice el tango. “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor …” el tanguillo me arrastra. La confusión de los valores, el relativismo moral, es condición sine qua non para el gobierno de los mediocres, los trepas, y los oportunistas. Digo abiertamente, a pesar de mi pasado comunista, que me honra, que prefiero los valores de una confusa iglesia (teoría de la liberación vs. jerarquía vaticana) donde al menos se escuche hablar del bien, de lo correcto y lo incorrecto, que el clamoroso silencio sobre el tema de nuestra sociedad actual. Como les decía a mis hijas, por haber aprendido su valor en la vida, te puedes equivocar mil veces, equivocarse no es el problema, el problema, y gravísimo, es que no sepas que te estás equivocando.

La Justicia es la tierra de los valores, su soporte. No es un valor más. Es curiosa la frecuente expresión: “No hay derecho” cuando uno está indignado, porque el derecho mismo es el que hasta ahora ha tolerado, cuando no promovido, la injusticia. Sí, hay y había “derecho”, pero no Justicia. Y muy lamentablemente esos mundos se han separado hasta el punto de que al derecho apenas se le ve la Justicia.

Hay más, la propia Paz, uno de los valores estrella del siglo, sin duda a nivel mundial un reto contemporáneo, no sólo está arraigada en la Justicia necesariamente, sino que de facto, es imposible una Paz noviolenta sin Justicia. Es condicón sine qua non para la Paz.

Lo digo porque en la parte más “grosera” de la Justicia, las riquezas del mundo son cada día en más cantidad de menos individuos, y la pobreza y el hambre afectan cada día a más personas y los pobres son ahora más pobres y en más cantidad que antes. Es, ciertamente, una grosería. Y mucho más que eso. Pero ni algo tan simple, lógico, y elemental se oye hoy de los políticos, supuestos servidores públicos.

Me encantaría que hubiera más diálogo sobre los principios y los valores. A ver si pareciera que nos importan. Porque en mi corazón añoro el tiempo de poder entrar en temas algo más sutiles de la Justicia, no sólo en el ámbito social, el común primero, sino en el personal: el comportamiento justo con los otros; y aún más allá, el momento de la esencia: ser justo con uno mismo. Aunque a lo mejor, como tantas veces, habría que subir o bajar la escalera empezando por aquí. Quizás por no aprender a esto lo primero (ser justos con uno mismo), tenemos las incapacidades en lo social.

A ver si no. Como dice @Potachov.

 

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